“”Renovar una parte de la coreografía de un clásico tan querido del teatro musical mexicano era una responsabilidad abrumadora, que solo podía abordarse con un análisis minucioso, el respeto absoluto a su legado mucho cuidado.”
—Pepe Posada
📅, 2008
🎭 Teatro San Rafael, Ciudad de México
💃Coreógrafo
💃Asistente de Coreografía Rafa Maza y Manuel Jiménez
Premio a la Mejor Coreografía
En 2008, la vida me ofreció una de esas oportunidades que solo se presentan una vez. Jamás imaginé que tendría la inmensa fortuna de formar parte del equipo creativo que daría nueva vida a El Diluvio Que Viene, un musical clásico que había marcado indeleblemente mi infancia. La señora Fábregas, con su visión inigualable, me ofreció hacerme cargo de la coreografía, pero solo del 50%.
Dudé en aceptar la propuesta, pues sabía que mi responsabilidad sería compartida. La razón era clara: Fela quería aprovechar la vasta experiencia que Socorro Larrauri traía de todos los montajes y reposiciones previas de la obra.
La puesta original era pionera, con una escenografía innovadora: sus dos giratorios y el majestuoso armado del arca. Revivir esta obra en la era moderna no era solo un trabajo, era una promesa y un desafío artístico. Acepté con el corazón palpitante, pero con una condición innegociable: no reponer los números, sino modernizarlos y renovarlos, pudiendo elegir cuáles coreografiar e inyectarles una visión contemporánea, además de compaginarlo con mi labor en el Centro Cultural.
Finalmente, Fela Fábregas conjuntó un grupo de creativos que encendió la magia: Héctor Bonilla a la cabeza en la dirección de escena; Adrián Oropeza en la dirección musical; l la maestra Larrauri y Pepe Posada en la coreotgtafía y la maestría técnica de Manolo Sánchez Navarro en producción e iluminación. Juntos, nos propusimos algo más que una reposición: queríamos insuflar energía fresca y vitalidad a este tesoro del teatro. El elenco fue encabezado por Jaime Camil, María Inés, Gloria Aura, El Pato Castillo, Carmen Delgado, María Filipini, Enrique de la Riba y un gran ensamble de cantantes y bailarines.
El reto era colosal y apasionante: ¿cómo actualizar un clásico amado por generaciones de mexicanos sin traicionar su esencia? Yo creía fervientemente que la coreografía no podía ser un simple remake; debía dialogar con el gusto contemporáneo y los estilos de nuestro tiempo. Exploramos nuevas rutas, inspiradas en la versión española de 2005.
El reto era colosal y apasionante: ¿cómo actualizar un clásico amado por generaciones de mexicanos sin traicionar su esencia? Yo creía fervientemente que la coreografía no podía ser un simple remake; debía dialogar con el gusto contemporáneo y los estilos de nuestro tiempo. Exploramos nuevas rutas, inspiradas en la versión española de 2005.
El tiempo fue nuestro mayor enemigo. A pesar de la premura, no logramos implementar todos los cambios deseados, pues los nuevos arreglos musicales nunca se concretaron a tiempo, obligándonos a trabajar con las pistas originales. Mis números feron “Calma,” “Qué pena que sea pecado,” “La Consuelo,” “Hormigas,” “Tira el dinero,” “Balada de San Crispín,” y “Eso es amor.” y el rerprise de !Que Pena que sea Pecado” Afortunadamente conté con un gan soporte y de Rafa Maza y Manuel Jiménez, como mis asistentes de coreografía, cuyo apoyo fue invaluable.
Lidiar con el peso de la tradición y las ideas fuertemente arraigadas del pasado fue, sin duda, el momento más desafiante. La maestra Socorro Larrauri se mostraba visiblemente reacia a modificar su montaje. Mis propuestas generaron una fricción palpable; sus gestos de desaprobación y descontento ante el nuevo material cargaron el ambiente de una tensión que se sentía en cada rincón del teatro.
El conflicto escaló a un explosivo enfrentamiento en pleno ensayo, una prueba dolorosa de cómo dos visiones apasionadas pueden chocar. Aquello causó desconcierto y molestia en todo el elenco. Afortunadamente logramos encontrar un punto medio, un armisticio creativo que permitió al proyecto seguir adelante. Mi objetivo final se cumplió: que mi trabajo no eclipsara las coreografías originales que remontaba Socorro, sino que la tradición y la innovación pudieran convivir en perfecta armonía para el triunfo del musical.
A pesar de los sacrificios, las tensiones y las negociaciones, siempre hay un momento de pura recompensa en el teatro. Para mí, fue ese instante mágico, muy similar a la primera vez que vi la lluvia caer dentro del Teatro Silvia Pinal. En esta ocasión fue durante el ensayo general, cuando la Paloma descendió por primera vez. Yo ya conocía la mecánica, había visto el entrenamiento, pero la energía que se generó fue indescriptible. El elenco lloraba de emoción, un instante inolvidable que queda para siempre en nuestra memoria.
Si el público pudiera experimentar la pureza de esos instantes, entendería por qué amamos tanto este trabajo teatral. Ver el resultado final, después de tantos acuerdos y desacuerdos, es una emoción incomparable. Solo me quedó una espina: la de no haber podido compartir este logro con mi madre, quien tantas veces me llevó a ver esta obra de niño.
La exitosa reposición fue un triunfo personal resonante, una validación de mi capacidad, talento y visión. Significó un paso adelante gigantesco en mi carrera, abriéndome puertas a nuevas colaboraciones. La crítica especializada lo abrazó con entusiasmo y la producción fue multipremiada, incluyéndome en la lista con un merecido galardón a la Mejor Coreografía.
Me quedé a cargo de la compañía y la preparación de nuevos elementos como Manuel Pereira, Ernesto Dalessio y Fernando Nesme que se incorporarían al elenco más adelante.
“La reposición de El Diluvio Que Viene fue más que un reto artístico; fue un reencuentro con mi propia historia. Modernizar un clásico, lidiar con tensiones creativas y sentir la magia de la Paloma bajando en el ensayo general me confirmó que el teatro es resistencia, memoria y emoción pura.
El reconocimiento de la crítica y el premio a la mejor coreografía fueron importantes, sí, pero lo esencial fue comprobar que podía dialogar con el pasado y transformarlo en presente. Ese triunfo personal abrió un nuevo capítulo en mi carrera, y me preparó para enfrentar proyectos distintos, inesperados y llenos de humor.“
— Pepe Posada